Carlos Fabián nació el 17 de febrero de 1944 en Mérida, por
el rumbo de la Ermita de Santa Isabel.
Comenzó a jugar béisbol a los 12 en el campo de El Fénix,
invitado por sus amigos, niños como él, Ulises y Crescencio Park, quienes
metieron un equipo a la liga infantil en El Fénix.
Así comenzó una historia que tuvo varios momentos
destacados. El que más sucedió el 22 de mayo de 1966 cuando estaba con el
equipo Sindicato de Matarifes, que representaba al Rastro municipal en la Liga
Meridana de béisbol de primera fuerza, en un partido contra el Carta Clara de
Hunucmá.
Fue un domingo soleado en Hunucmá y Carlos estaba tranquilo,
pues no le correspondía abrir. El designado era Juan Chalé, hijo del dueño del
equipo, pero no llegó al partido. Entonces,
el mánager Carlos “La Manguera” Bolio Abud lo mandó a la loma.
Carlos recuerda:
“Después del sexto inning me querían tocar la bola porque no
me podían batear. Mi compañero César Be Quiñones (segunda base) pidió tiempo en
varias ocasiones para que tomara aire”, dice Segovia Castillo, quien el próximo
viernes será homenajeado por el Salón de la Fama del Deporte Yucateco por el
aniversario 50 de esa hazaña, en el restaurante “Los Trompos” Buenavista, con
el patrocinio de la Cervecería Modelo.
En ese encuentro, además de los 21 ponches, a Segovia sólo
le pegaron dos hits, por José Méndez y Emilio Ceballos, y sólo un corredor
llegó a la intermedia. Los Matarifes ganaron 2-0.
Las dos anotaciones fueron producidas por uno de los novatos
del equipo, Augusto “Cuxo” Martínez, quien disparó cuadrangular con un
compañero en circulación.
Carlos recuerda que ese día su trabajo en la loma fue “de
menos a más”, ya que los diez autes finales los sacó por la vía del ponche: del
tercero de la sexta entrada al tercero de la novena.
Su receptor fue Miguel “Cheyo” Cámara, tío de Pedro Cámara
Salazar, quien lanzó en la Liga Mexicana y es el actual coordinador general de
la Liga Meridana de Béisbol.
Completaron el equipo ese día, en primera base Zacarías Auais,
en segunda César Be, en tercera “Cuxo” Martínez, en el campo corto Víctor
Tenreiro y en los jardines Santiago Huchim, Rudy Paredes y Miguel Arjona.
A la semana siguiente, jugando en el Rastro, Segovia mostró
que lo realizado en Hunucmá no fue obra de la casualidad, pues ponchó a 17
contra el equipo “Ramón Osés”.
“Logré 38 ponches en dos partidos seguidos”, señala
orgulloso el ex lanzador, quien tenía un promedio de 70 ponches por temporada,
con una en la que sumó 90.
Lo comprueba con un viejo diploma de fecha 17 de septiembre
de 1967, que le otorgaron por ser campeón con 90 ponches, campeón en PCL con
porcentaje de 0.72 y monarca en ganados y perdidos con 7-0. Un diploma a para
premiar al ganador de la triple corona. Hoy día le darían un enorme trofeo.
Otro diploma, del semestre anterior, por dos coronas,
muestra que ponchó a 81 y tuvo 8-1 en ganados y perdidos.
En total, de 1966 a 1968 compiló 32-2 en ganados y perdidos
en la fuerte Liga Meridana. En aquel entonces, Segovia era uno de los
lanzadores más cotizados de Yucatán: don Juan Chalé, dueño de los Matarifes, le
pagaba $500 por partido.
Por su calidad, fue invitado a jugar en la Liga del Sureste
con los Venados de Yucatán en 1968. En ese equipo estaban los yucatecos
Crescencio Park, Tony Burgos, Ricardo “Maizena” Pech, Juan Castillo, Jesús
“Negro” Hernández y Melchor Paredes. El manager era Leonel Aldama.
Carlos lanzó brevemente con los Venados. Tuvo 1-1 en ganados
y perdidos, pero lo dejó. No le redituaba: sólo le pagaban 700 pesos al mes,
mucho menos de los $12,000 mensuales que obtenía fuera de los Venados: $2,000
con los Matarifes y $10,000 trabajando en su carnicería.
En la entrevista mostró diplomas de la Liga “Manuel Gual
Vidal” de tercera fuerza, que se jugaba en el “Campo Columnas” del Estadio
Salvador Alvarado (que está junto al frontón) y en “La Caballería” (donde
estuvo la SSP, en Reforma), firmados por dos históricos del deporte yucateco:
Ernesto “Xándara” Pacheco y Manuel Andrade Alcocer.
También recordó la vez que, como parte de los Venados,
entrenó en Puebla con los Pericos, de los que los Venados eran sucursal. El
mánager de los Pericos era Beto Ávila y con el equipo poblano estaba Horacio
Piña.
El próximo viernes recordará viejos tiempos y recibirá un
reconocimiento del Salón de la Fama del Deporte Yucateco.- (Texto y foto del Salón de la Fama de Yucatán)

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